Un día rompiste mi reloj, y paraste mi tiempo. La torpeza se convirtió en genialidad cuando tus dedos se transformaron en notas musicales. Aprendí que no hace falta saber idiomas para entenderse, y descubrí lo útil que puede llegar a ser un simple saco de dormir.
Tanti auguri y gracias por tener esa habilidad de hacer feliz a la gente.
El fenómeno “literario” del verano se llama Murdoku
Hace 2 semanas
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